jueves, 20 de octubre de 2011

El pastor de Idaho


Hace algunos años, andábamos atravesando las montañas del Pirineo Catalán y una noche paramos a dormir en el modesto refugio de Mallafré, a los pies de Les Encantats. Allí coincidimos con un solitario montañero vizcaíno —grandote y buena gente—, con el que rápidamente hicimos miga y que después de la cena, tomando el fresco bajo las estrellas, nos contó la historia del pastor de Idaho.

Eusebio, como tantos otros pastores vascos, emigró de joven al oeste americano donde no le faltó trabajo durante la media vida que allí se dejó. Pero llegó un día en que ya no pudo resistir la llamada de la tierra, de los montes de su juventud, de la música de sus bosques y regresó a los altos del Gorbea, donde vive desde entonces en la pequeña cabaña que un hermano suyo —pastor también— construyera en el monte y apenas baja al pueblo más cercano los viernes para hacer algo de compra.

Relataba nuestro amigo Martín, cómo un día se encontró a Eusebio sentado en una atalaya, cercana a su morada montuna, donde, por lo visto, solía permanecer pensativo durante horas, con la vista perdida en el horizonte.

— ¿Qué haces? — preguntó nuestro amigo cuando llegó a su altura.

—MIRAR — dejó caer el pastor, casi sin separar la vista de sus montañas.

Esa noche, no pude dejar de pensar en la cantidad de recuerdos, vivencias, añoranzas, en el baile de sentimientos que podrían esconderse tras los ojos de Eusebio, contemplando aquellos valles con placidez, ensimismado, fusionado aquella tarde con ese paisaje soñado —que es el suyo, que es él mismo—, cuanta vida condensada en ese mirar —un mirar más bien con el corazón que con los ojos—, que profundo y misterioso vínculo el que llevó a nuestro pastor a abandonar aquellas amplitudes del oeste americano, para refugiarse en su pequeño paraíso de helechos, bosques y abruptas calizas plateadas, en las faldas del Gorbea.

viernes, 19 de agosto de 2011

Y entonces, lluvia de verano

LLuvia de verano en el Atlas , Marruecos


“¿Saben lo que es la lluvia de verano?

Primero la belleza pura horadando el cielo de verano, ese temor respetuoso que se apodera del corazón, sentirse uno tan irrisorio en el centro mismo de lo sublime, tan frágil y tan pleno de la majestuosidad de las cosas, atónito, cautivado, embelesado por la magnificencia del mundo.

Luego, recorrer un pasillo y, de pronto, penetrar en una cámara de luz. Otra dimensión, certezas recién formadas. EL cuerpo deja de ser ganga, el espíritu habita las nubes, la fuerza del agua es suya, se anuncian días felices, en un renacer.”

Muriel Barbery.



lluvia vespertina en el macizo del Ras, Atlas

lunes, 16 de mayo de 2011

Albaicín


Una cuesta, la de Abarqueros,
Una plaza, San Miguel Bajo,
Un balcón de privilegio, San Nicolás,
A un paso la Alhambra,
Muy cerca, deslumbrante, Sierra Nevada,
y luego, ¿existe algo más?



martes, 5 de abril de 2011

Lo Esencial


A menudo, lo esencial se encuentra delante de nosotros y sistemáticamente lo dejamos escapar, siempre atareados, corriendo de un lado para otro en busca de quimeras imposibles.

sábado, 19 de febrero de 2011

Por las calles de Elizondo


Sería al anochecer, finales de verano

nos encontramos el algún puente sobre el río Baztán,

fuimos caminando, hablando, despreocupados, felices

y de repente nos entró frío.

Subimos a mi casa y te dejé un jersey de lana,

yo me puse una chaqueta que crucé al pecho sin abrochar los botones.

Luego salimos a la calle,

Y seguimos andando, charlando,

por las calles de Elizondo.


miércoles, 19 de enero de 2011

Agua


Nada hay en el mundo más blando y débil que el agua.
Sin embargo, solo ella puede moldear la roca más dura y fuerte.
En eso es irremplazable.

Lo débil puede vencer a lo fuerte.
Lo blando puede vencer a lo duro.

Lao Tse. Tao te ching