lunes, 12 de abril de 2010

El camino a Roubaix




Desde aquel lejano 1896 en que se disputó por primera vez, todos los meses de abril se celebra una de las más antiguas, duras y prestigiosas carreras ciclistas del calendario internacional. Casi 300 kilómetros de recorrido, carreteras estrechas con larguísimos tramos de firme adoquinado, polvo, barro, piedras… ponen a prueba la habilidad, resistencia física y fuerza mental de los corredores.

Lograr terminar esta exigente prueba es ya de por sí una hazaña al alcance de unos pocos privilegiados, conseguir ganar está solo reservado a los elegidos, aquellos que aman profundamente la bicicleta y que están tocados por ese algo que diferencia a los mejores de los extraordinarios, e implica traspasar la condición humana para entrar en el panteón de los dioses mitológicos.

Al igual que una obra pictórica o musical, no es fácil llegar a apreciar la inmensa belleza de esta magnífica manifestación deportiva sin una total implicación y algunos conocimientos previos, un poco de entrenamiento. Es entonces cuando conseguiréis emocionaros con esta singular obra de arte en la que, durante cerca de siete horas, hombres y bicicletas danzan sobre los adoquines un baile de estrategias, pericia, fuerza y corazón en el sinuoso camino a Roubaix.

Bienvenidos a la Paris-Roubaix: