martes, 11 de agosto de 2009

El Gran Azul


Lo había estado mirando el día anterior, sobre unas rocas desnudas que dominan las playas escondidas, a esa hora mágica en que la luz vespertina va cambiando lentamente la naturaleza de las cosas volviéndolas más delicadas, leves y enigmáticas.




Una ligera brisa acariciaba los alargados tallos de las pitas, los restos de una antigua torre árabe, a mí mismo, y una extraña fuerza magnética me llamaba al encuentro del océano, impidiendo separar la vista de horizonte infinito, mi mente perdida en el tiempo y el espacio de aquel escenario imponente, como un desierto que bajo mis pies se retorcía en dolorosas curvas siguiendo la línea de los acantilados.



A la mañana siguiente, antes del amanecer, bajé por el estrecho sendero que se abre paso sobre los cortados, entre matorrales agostados y chumberas, oliendo a humedad y sal. A esas horas no había nadie por los alrededores y en las pequeñas calas se desperezaban nutridos grupos de gaviotas esperando recibir los primeros rayos de sol. Al llegar junto al mar sorprendí, sobre una gran roca negra, a un par de culebras enroscadas entre sí, poniendo fin, con el alba, a una noche de amoríos.


Luego me dediqué a deambular junto a la orilla buscando piedras, plumas y restos de naufragios varios… He encontrado piedras solitarias brillando en la penumbra de las primeras horas, que parecían, como esas ballenas que de vez en cuando varan en las costas, querer regresar a la tierra de la que quizá alguna vez partieron para un largo viaje marino.



El Gran Azul me acariciaba los pies invitándome a la inmersión pero yo hice caso omiso a su llamada, ahora me parecía demasiado grande y misterioso, seguí por la orilla disfrutando de las luces matutinas, enredando entre las piedras, buscando formas y composiciones, recopilando guijarros de curiosos colores y mirando como, poco apoco, la luz iba inundándolo todo y con la claridad el paisaje se despojaba lentamente de su cualidad onírica para hacerse más cotidiano y real.

Emprendí entonces el camino de regreso, colina arriba hacia el mundo real, abandonando allá abajo, cada vez más lejano, un pequeño paraíso de misteriosas historias por descubrir.