viernes, 19 de junio de 2009

La Bella y La Bestia



Desde que los primeros viajeros románticos comenzaron a subir montañas por el puro placer del descubrimiento y la contemplación de espacios naturales vírgenes, ajenos a la mano del hombre, se ha ido forjando cierta imagen de las altas cumbres como reservorios de pureza inmaculada, de belleza simple y cristalina, espacios en los que reconocemos las más altas y sublimes cualidades humanas transportadas al reino de lo mineral, que casi cobra vida en los pensamientos de quienes sienten su irresistible llamada. Nos recreamos con sus formas, sus paisajes nos reconfortan el alma, sus brillos nos llenan de dicha, caminamos sus caminos dejándonos sorprender por sublimes luces fugaces…



Pero no nos engañemos, en la Alta Montaña todo es inestable, cambiante, efímero, cualquier ser que ose habitarla se situará inexorablemente en el permanente límite de la vida y la muerte, son lugares en los que hay que caminar atento porque tras esa visión de infinita grandeza que son capaces de recrear en nuestro interior, se esconde un monstruo en reposo, aletargado, que espera nuestro menor descuido para asestarnos su terrible y destructor zarpazo.



Quizá unos troncos inertes, esculpidos a base de sol inclemente, frío, pedriscos y tormentas sirvan para recordarnos que aquí la lucha por la vida se gana día a día, minuto a minuto y nos lleve a preguntarnos por qué el resultado de ese permanente drama constituye una fuente de inagotable belleza para nosotros.





martes, 2 de junio de 2009

Song to the moon (canción a la luna)


Luna, que con tu luz iluminas todo
desde las profundidades del cielo
y vagas por la superficie de la tierra bañando con tu mirada el hogar de los hombres.
¡Luna, detente un momento
y dime dónde se encuentra mi amor!
Dile, luna plateada, que es mi brazo quien lo estrecha,
para que se acuerde de mí
al menos un instante.
¡Búscalo por el vasto mundo y dile, dile que lo espero aquí!
Y si soy yo con quien su alma sueña
que este pensamiento lo despierte.
¡Luna, no te vayas, no te vayas!


Jaroslav Kvapil, libretista de la ópera Rusalka de A.Dvorák

Aquí teneis la versión de Renee Fleming: