martes, 17 de febrero de 2009

Bosque



Por unos días decidí sumergirme en las profundidades del bosque, deambular de aquí para allá intentando establecer una comunicación con los gigantes de largos brazos y piel arrugada. He buscado en sus troncos indicios de historias pasadas, guaridas de animales, marcas de tormentas, pinturas hechas a base de sol y ventiscas, brotes nuevos significando el renacer de la vida; la niebla ha dibujado magníficos lienzos impresionistas con los árboles de protagonistas.




Como enormes esculturas creadas por las propias fuerzas de la Naturaleza, encontré también algunos troncos enigmáticos de formas rotundas, curvas, maderas retorcidas de inquietantes formas, tótems misteriosos que con sus singulares disposiciones daban la impresión de haber sido puestos allí para indicar algo, proporcionarnos algún tipo de señal, darnos pistas con las que acceder a unas sendas habitualmente ocultas a nuestros sentidos.

Después de algunas semanas de aquello, sigo pensando en esos formidables Monumentos Naturales, miro y remiro las imágenes que me llevé y algunas de ellas siguen pareciéndome inquietantes, como una insinuación de códigos que, a día de hoy, aún no he logrado descifrar.