lunes, 27 de octubre de 2008

Otoño



Sin lugar a dudas el otoño es para mi la estación más especial del año: Así como la naturaleza, que ha estado sumida en el prolongado letargo del estío, estalla de pronto en un milagro de amarillos, rojos, ocres y naranjas, también dentro de la mente comienza una frenética danza de ideas y nuevos proyectos, llenando días donde parece que la inspiración nos visita con más regularidad y sus estancias son más prolongadas.

Me gustan del otoño sus magníficas luces, los vientos frescos, el baile de la hojarasca, los majuelos y arces vestidos de rojo, esas nieves tempranas que insinúan la cercanía de recogimientos invernales, las floraciones tardías, modestas, originales, que parecen ir contra corriente, igual que los destinos de los nombres singulares.

El otoño es época de cambios, movimientos, interrupciones temporales, regresos anhelados, son meses para vivir pausadamente, contemplando la naturaleza en uno de sus más íntimos momentos, dejándonos empapar de esa dulce melancolía que desprende, mirar al cielo y poder sorprenderse con algún extraño juego de erráticas nubes o quizá seguir con admiración el vuelo musical de unas grullas en su camino hacia el Sur.

lunes, 20 de octubre de 2008

Onírico



Me he quedado dormido en el bosque de pinsapos, junto a un antiguo nevero, entre helechos verdes, ocres, troncos centenarios, y a mi mente han comenzado a llegar imágenes y sensaciones muy vivas del pasado: sonidos y olores de otras naturalezas distantes, cencerrear de ovejas lachas, aromas de hayedo, reconfortantes soles de otoño, vientos frescos que descendían desde las altas cumbres pirenaicas haciéndome tener frío en una tarde estival de travesía, fragmentos de conversaciones con mi madre, una despedida...

Es como si estos gigantescos árboles fueran antenas hacia días pasados, lejanías perdidas, recuperadores de momentos plenos, transmisores de certezas escondidas en el tiempo.

martes, 14 de octubre de 2008

Instantes únicos



Sucedió hace unos pocos días. Había estado desde temprano fotografiando los singulares bosques de pinsapos que pueblan la Sierra de las Nieves, en Andalucía. Después de un tímido sol matutino las nubes fueron cubriendo el cielo a lo largo del día y ya por la tarde un uniforme manto gris me proporcionaba luz ideal para tomar imágenes en el interior de la floresta.


Cercana ya la noche inicié mi retirada, bajando en zig-zags por la abrupta pendiente hacia las zonas más bajas de la sierra. El cielo plomizo se iba oscureciendo por momentos y apreté el paso, pues la oscuridad parecía ya decidida a instalarse sin preámbulos.

De repente, al llegar a un recodo del camino, vi unas montañas vecinas cubrirse de luz: el sol, en su retirada, debió descender por debajo del manto nuboso y en cuestión de minutos los llanos y el cielo comenzaron a iluminarse de forma espectacular con amarillos, azules, rojos , cobrizos... En apenas un cuarto de hora el baile de luz fue insólito: nacieron nubes ocultas, alargadas, redondas, huidizas, otras semejando auroras boreales, todas llenas de color parecían querer mostrarse en tan breves minutos, sucediéndose de forma brillante, mágica, antes de que el definitivo ocaso nos sumergiera por completo en el reino de la noche.

Fueron realmente INSTANTES ÚNICOS, esos que de vez en cuando nos brinda la naturaleza, el hombre, el pensamiento y que a partir de ahora intentaré compartir con vosotros a través de esta modesta tribuna.