sábado 31 de octubre de 2009

Luces de Otoño

Tres imágenes de un día perfecto, con la cámara al hombro, recibiendo a las primeras luces, pateando monte con una pequeña mochila en la que caben algo para comer, una cantimplora, navaja, cuaderno y lápiz con los que tomar notas o dibujar, trípode, un ligero forro polar, los prismáticos...

El regreso, de noche, después de haber visto ponerse el sol, tras un día de descubrimientos, cerrando un paréntesis en el que quedarán guardados un montón de pequeños instantes únicos.



Amanecer




Colores



Crepúsculo




domingo 4 de octubre de 2009

Flores Alpinas

Gencianas. Sierra Nevada

Observando la pasada primavera las delicadas flores que pueblan las cumbres de nuestras más elevadas sierras, fue concretándose en mi cabeza una clara analogía: Al igual que muchas de estas pequeñas plantas ocuparon durante épocas geológicas pretéritas (los últimos periodos glaciares del Cuaternario) amplias extensiones de la geografía europea y luego, con la llegada de periodos más cálidos, tuvieron que recluirse en las alturas para encontrar allí sus condiciones de vida ideales, de la misma forma muchos hombres van abandonando, poco a poco, el extenso campo de acción con el que soñaron en algún momento de su vida y buscan refugio en las altas montañas. Allí vuelven regularmente, en busca de sus sueños anhelados (pequeños, muertos, como escribió López de Dicastillo) y durante horas o días alimentan el alma con la nutricia savia de sus paisajes, sus silencios, sus olores, haciéndose hermanos de esas singulares flores acorraladas, que, un día, pudieron viajar con total libertad por territorios que algunos también tuvimos la osadía de imaginar nuestros.




Ranúnculos. Pirineos


Aguileñas. Pirineos

martes 22 de septiembre de 2009

Espejismos












Cuantas veces le da a uno la sensación de estar rodeado de espejismos; unos duran segundos, otros horas, algunos pueden prolongarse durante años. Son imágenes nítidas, sólidas que van configurando nuestro particular mundo de amistades, lugares, paisajes, acontecimientos, afectos…

Luego, un buen día, decidimos acercarnos a ellas un poco más de la cuenta y nos encontramos de repente en mitad de un áspero desierto, aterrados, perdidos, mirando alrededor, intentando encontrar algún rastro de su presencia, alzando la vista al cielo en busca de unos colores que jamás existieron.


Fotografías: Espejismos en Hondarribia, 8 Septiembre 2009

Tomadas durante el "Alarde", momento cumbre en las fiestas patronales de dicha localidad vasca.

martes 11 de agosto de 2009

El Gran Azul


Lo había estado mirando el día anterior, sobre unas rocas desnudas que dominan las playas escondidas, a esa hora mágica en que la luz vespertina va cambiando lentamente la naturaleza de las cosas volviéndolas más delicadas, leves y enigmáticas.




Una ligera brisa acariciaba los alargados tallos de las pitas, los restos de una antigua torre árabe, a mí mismo, y una extraña fuerza magnética me llamaba al encuentro del océano, impidiendo separar la vista de horizonte infinito, mi mente perdida en el tiempo y el espacio de aquel escenario imponente, como un desierto que bajo mis pies se retorcía en dolorosas curvas siguiendo la línea de los acantilados.



A la mañana siguiente, antes del amanecer, bajé por el estrecho sendero que se abre paso sobre los cortados, entre matorrales agostados y chumberas, oliendo a humedad y sal. A esas horas no había nadie por los alrededores y en las pequeñas calas se desperezaban nutridos grupos de gaviotas esperando recibir los primeros rayos de sol. Al llegar junto al mar sorprendí, sobre una gran roca negra, a un par de culebras enroscadas entre sí, poniendo fin, con el alba, a una noche de amoríos.


Luego me dediqué a deambular junto a la orilla buscando piedras, plumas y restos de naufragios varios… He encontrado piedras solitarias brillando en la penumbra de las primeras horas, que parecían, como esas ballenas que de vez en cuando varan en las costas, querer regresar a la tierra de la que quizá alguna vez partieron para un largo viaje marino.



El Gran Azul me acariciaba los pies invitándome a la inmersión pero yo hice caso omiso a su llamada, ahora me parecía demasiado grande y misterioso, seguí por la orilla disfrutando de las luces matutinas, enredando entre las piedras, buscando formas y composiciones, recopilando guijarros de curiosos colores y mirando como, poco apoco, la luz iba inundándolo todo y con la claridad el paisaje se despojaba lentamente de su cualidad onírica para hacerse más cotidiano y real.

Emprendí entonces el camino de regreso, colina arriba hacia el mundo real, abandonando allá abajo, cada vez más lejano, un pequeño paraíso de misteriosas historias por descubrir.





viernes 19 de junio de 2009

La Bella y La Bestia



Desde que los primeros viajeros románticos comenzaron a subir montañas por el puro placer del descubrimiento y la contemplación de espacios naturales vírgenes, ajenos a la mano del hombre, se ha ido forjando cierta imagen de las altas cumbres como reservorios de pureza inmaculada, de belleza simple y cristalina, espacios en los que reconocemos las más altas y sublimes cualidades humanas transportadas al reino de lo mineral, que casi cobra vida en los pensamientos de quienes sienten su irresistible llamada. Nos recreamos con sus formas, sus paisajes nos reconfortan el alma, sus brillos nos llenan de dicha, caminamos sus caminos dejándonos sorprender por sublimes luces fugaces…



Pero no nos engañemos, en la Alta Montaña todo es inestable, cambiante, efímero, cualquier ser que ose habitarla se situará inexorablemente en el permanente límite de la vida y la muerte, son lugares en los que hay que caminar atento porque tras esa visión de infinita grandeza que son capaces de recrear en nuestro interior, se esconde un monstruo en reposo, aletargado, que espera nuestro menor descuido para asestarnos su terrible y destructor zarpazo.



Quizá unos troncos inertes, esculpidos a base de sol inclemente, frío, pedriscos y tormentas sirvan para recordarnos que aquí la lucha por la vida se gana día a día, minuto a minuto y nos lleve a preguntarnos por qué el resultado de ese permanente drama constituye una fuente de inagotable belleza para nosotros.





martes 2 de junio de 2009

Song to the moon (canción a la luna)


Luna, que con tu luz iluminas todo
desde las profundidades del cielo
y vagas por la superficie de la tierra bañando con tu mirada el hogar de los hombres.
¡Luna, detente un momento
y dime dónde se encuentra mi amor!
Dile, luna plateada, que es mi brazo quien lo estrecha,
para que se acuerde de mí
al menos un instante.
¡Búscalo por el vasto mundo y dile, dile que lo espero aquí!
Y si soy yo con quien su alma sueña
que este pensamiento lo despierte.
¡Luna, no te vayas, no te vayas!


Jaroslav Kvapil, libretista de la ópera Rusalka de A.Dvorák

Aquí teneis la versión de Renee Fleming:


jueves 7 de mayo de 2009

Paraísos cercanos



Muy a menudo se despierta en nuestro interior el deseo de viajar a remotos y desconocidos lugares, en busca de paisajes idílicos, de gentes diferentes, de vivencias únicas que nos depuren las almas enfermas de monótona rutina. Es curioso pensar como otras personas, a cientos o miles de kilómetros, en nuestros paraísos soñados, anhelan venir a descubrir lo que nosotros tenemos al lado, nuestro entorno olvidado, para sanares con un bálsamo al cual, por habitual, nos hemos hecho inmunes.

A veces no hace falta irse lejos para vivir experiencias extraordinarias, basta saber mirar con ojos diferentes, explorar nuestro entorno más cercano con curiosidad e imaginación, buscar en el exterior momentos, instantes, luces y recrear con ellos historias en nuestro interior, aprender a ser espectadores de milagros que nos esperan a la puerta de casa.